Claudio Palominos. Nació en Santiago de Chile el 15 de junio de 1961. Pintor por vocación temprana y autodecisión, una gruesa parte de las virtudes que presiden su quehacer creativo se aprecia en el repertorio de medios expresivos que emplea. Las técnicas de la acuarela, la tempera, el óleo, el pastel, el látex o acrílico, usadas solas o mixtas y aditadas a soportes diversos como papel, género, madera o cartón, confirman la licita apropiación del oficio de la pintura.

Lo primero que sorprende en el y en la tarea emprendida, es el talle de aquella cualidad tan obvia como perogrullesca, a veces omitida en la estimación estética: el talento nativo. El pintor no lo morigera ni esconde. Medido y disciplinado lo encauza con acierto.

Sus estudios los realiza en la Escuela de arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile entre los años 1982 y 1987. Donde fue ayudante en el Taller de pintura.

La obra ejecutada por Palominos habita en dos estancos. En uno alojan las realizaciones apegadas a una figuración tradicional, entre las cuales se reconocen paisajes, rostros y desnudos, revistiendo más el carácter de ejercicios que de piezas definitivas. En el otro, se cobijan trabajos donde la especulación es superada por el vigor de su expresión, gestados de preferencia, con imágenes arrebatadas al variado entorno.

Los cambios temáticos y de técnicas subrayan en deseo del pintor por evitar un estilo especifico. Ello justifica la rebelión a principios pictóricos que en trasfondo no oculta los reconocimientos debidos a las grandes obras y creadores a la historia del arte.

Los esfuerzos desplegados por consolidar procedimientos originales nacen del ardor intimo de comunicación, y de la madura convicción que la pintura contiene cargas iconográficas. Así, exterioriza de modo coherente su bullente y díscola capacidad de asociar imágenes.

Claudio Palominos apoya también su potencia creativa en los recursos que ofrecen la fotografía y el caos informe de situaciones cotidianas que nutre su quehacer asume tal congruencia morfológica que otorga envergadura a la sumatoria actividad desplegada hasta hoy.

(Extracto de un texto escrito por Enrique Solanic, Critico de arte).

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